de Fernando Pannullo (de una idea de Fatima Scialdone)
Cuentos, o mejor dicho, pequeños monólogos, confiados a la mamá Rosa, que nos ilumina sobre Garibaldi, jovencito en Nizza y en sus primeros viajes por mar; a Antonietta di Pace, que nos habla de su corta y tormentosa estadía en Nápoles; a Battistina, su sirvienta – esposa por algunos años, quien describe la ruda e incomoda vida en la isla de Caprera introduciendo dos figuras de amigas entre las más importantes que haya tenido: la inglesa Roberts y la alemana Swarz, comprometidas frecuentemente en operaciones belicas y diplomáticas; y no por ultimo a Anita, recordada en la pesadilla (cauchemair) de un Garibaldi moribundo, al cual recuerda con bromas en sus juventudes movidas y las aventuras militares en Uruguay. Este gran deseo, le hizo cometer muchos errores; su tempestividad en pedir una unión estrecha era, a veces inoportuna, sin duda equivocada; debido sobretodo a las condiciones económicas y de vida que podía ofrecer; cuando no estaba en guerra, se empeñaba en la cría de animales, en trabajos del campesino que ama su propia tierra; situación que sin duda no era para mujeres cultas y del nivel de vida de lujo que a menudo había cortejado. Además, están los millares de mujeres que lo han aclamado en cada pasaje, centenas que lo han seguido como enfermeras, mensajeras, vivanderas, exponiendo sus vidas. Mujeres por él correspondidas con estima, afecto y siempre puestas en gran consideración. “Siempre las he considerado como la más perfecta de las criaturas”, escribía Garibaldi y siempre fue coherente con esta afirmación. Por otro lado estuvieron también las “victimas”: las mujeres de los muertos del otro bando, las mujeres de los campesinos rebeldes perseguidos come bandidos, las mujeres de los fusilados de Bronte, dejados podrir por largo tiempo y sin sepultura, cuyo drama hemos vuelto a escuchar en las estupendas canciones populares y que no se pueden olvidar. En cuanto a la estructura, el espectáculo alterna la series de monólogos con celebres canciones garibaldinas y patrióticas, ingresadas también en el mito (“Inno a Garibaldi”, Addio, mia bella addio”, “ La bella Gigogin” ecc..), canciones de época (Te voglio bene assaie”, “La paloma”, La tarantella di Rossini”), poesías referentes al periodo y a temas del grande Verdi que le dan un contorno maravilloso. A pesar del “fuera de época”, el homenaje a Anita con la encantadora canción de Sergio Liberovici “ Morte di Anita” evoca atmósferas conmovedoras.
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